Performance ritual
La performance ritual ecofeminista y decolonial constituye una práctica estética y política que reactiva el cuerpo como territorio de memoria, resistencia y regeneración. Lejos de concebir la performance como mera representación, este enfoque la entiende como acto transmutador que restituye vínculos entre cuerpo, comunidad y tierra, interrumpidos por la modernidad colonial. Desde la antropología del ritual, pensadores como Victor Turner señalaron que el ritual refleja el orden social y crea espacios liminales donde es posible imaginar y encarnar nuevas formas de existencia. En este umbral, la performance ritual deviene un dispositivo de transición civilizatoria.
Las perspectivas ecofeministas han denunciado la continuidad entre la explotación de la naturaleza y la subordinación de los cuerpos feminizados, proponiendo una ética de interdependencia y cuidado, como plantea Donna Haraway en su llamada a “rehacer parentescos” más allá del antropocentrismo. A su vez, el pensamiento decolonial, representado por autoras como María Lugones o Silvia Rivera Cusicanqui, subraya la necesidad de desmantelar las jerarquías ontológicas heredadas del colonialismo, recuperando saberes encarnados, territoriales y comunitarios. En este cruce, la performance ritual ecofeminista y decolonial se configura como una práctica de reexistencia: un acto simbólico y material que no solo denuncia las violencias del presente, sino que invoca y ensaya modos de vida más justos, sensibles y sostenibles.


Tarot HIDROPOÉTICO
































































































La hidropoiesis puede entenderse como la capacidad del agua de generar formas, sentidos y estados de conciencia. Además del principio físico, opera una función simbólica y poética mediante la cual el agua actúa como matriz de transformación. Desde esta perspectiva, el agua es un agente que modela la percepción, disuelve las estructuras rígidas del yo y favorece la emergencia de configuraciones psíquicas más fluidas. Como señaló Gaston Bachelard, el agua es el elemento de la imaginación profunda: refleja la realidad, la interioriza y la transmuta en experiencia sensible. La hidropoiesis nombra, así, este proceso de generación simbólica en el que el agua deviene origen de imágenes, afectos y conocimientos.
En el contexto de un Tarot Hidropoético, la hidropoiesis constituye el principio interpretativo fundamental. Cada arcano se presenta como una condensación momentánea de flujos, corrientes y estados de transición. La lectura escucha las modulaciones del inconsciente en su estado líquido, en consonancia con la concepción de los arquetipos como formas dinámicas. Interpretar este tarot entra en resonancia con el símbolo, permitiendo que su sentido emerja como una corriente que atraviesa simultáneamente el cuerpo, la memoria y el territorio.
Desde las epistemologías ecofeministas contemporáneas, el agua también ha sido reconocida como una condición ontológica compartida. La filósofa Astrida Neimanis propone comprender los cuerpos como “cuerpos de agua”, atravesados por ciclos hidrológicos que desbordan los límites individuales. El Tarot Hidropoético se inscribe en esta ontología relacional: sus imágenes representan estados de interconexión y tránsito. La hidropoiesis se manifiesta entonces como una práctica de escucha y co-creación, en la que la interpretación acompaña el devenir del símbolo.
Leer un Tarot Hidropoético es, en última instancia, un acto de inmersión. El intérprete, como expresaría Karen Barad, intracciona y entra en el mismo campo fluido donde las imágenes se forman y se disuelven. En este espacio liminal, el conocimiento se presenta como corriente: algo que se siente antes de nombrarse, que se transforma al ser habitado y que, como el agua, nunca permanece idéntico a sí mismo. La hidropoiesis revela así el tarot como un instrumento de mediación entre lo visible y lo invisible, entre la forma y su disolución, entre la identidad y su continuo devenir.
Arte menstrual.
Manuscritos ritualizados




Los manuscritos ritualizados escritos con sangre menstrual constituyen una práctica liminal donde escritura, cuerpo y materia vital convergen en un mismo acto de inscripción. Más allá de su dimensión biológica, la sangre menstrual ha sido históricamente cargada de significados simbólicos vinculados tanto a la exclusión como al poder generativo. La antropóloga Mary Douglas señaló que las sustancias corporales consideradas “impuras” en muchas culturas son, en realidad, portadoras de una intensa potencia simbólica, precisamente porque desestabilizan las categorías normativas. Escribir con sangre menstrual implica, en este sentido, una inversión de esa lógica: lo que fue relegado al silencio deviene medio de conocimiento, memoria y afirmación.
Desde las perspectivas feministas y decoloniales, esta práctica puede entenderse como un gesto de reinscripción del cuerpo en el campo de la cultura. La filósofa Julia Kristeva vinculó la sangre menstrual con lo semiótico, un territorio previo al lenguaje estructurado donde emergen las pulsiones, los ritmos y las fuerzas que sostienen la subjetividad. El manuscrito ritualizado, además de un texto, es una huella material de esta dimensión prediscursiva: un umbral donde la escritura deja de ser abstracción para convertirse en vestigio encarnado. En diálogo con autoras como Gloria Anzaldúa, estos gestos pueden leerse también como actos de soberanía simbólica, que recuperan el cuerpo como territorio de conocimiento frente a las epistemologías que lo han negado.
En definitiva, los manuscritos escritos con sangre menstrual trascienden el ámbito de lo íntimo y operan como dispositivos rituales que reconfiguran la relación entre materia y significado. En ellos, la escritura no representa la vida: procede de ella. Cada signo deviene un acto de presencia, una afirmación de continuidad entre cuerpo, lenguaje y mundo.
BIENVENIDX AL TEMPLO
El cuerpo, la Tierra,
donde los corazones laten en polifonía
y cada respiración es un conjuro.
Somos aves andróginas, serpientes fluorescentes, flores que mudan de pétalo en cada alba. Somos genealogías sin raíces fijas, constelaciones que se reescriben en cada gesto. Aquí hay mil brújulas en espiral,
mapas que se pliegan y despliegan como alas de mariposa interdimensional.
Cada cuerpo es un altar; cada mirada, un encantamiento.
Nos invocamos mutuamente, atravesando los límites con deseo onironauta.
Tu imaginación es un ARCA MUTANTE, un tejido de luces que navega sin centro ni destino. Recuperamos a las diosas olvidadas, a la sabiduría del sabor, el poder de la palabra.
Aquí, en el tiempo ciclosófico, celebramos la danza de todas las formas posibles.
POÉTICA VIVENCIAL
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